jueves, 7 de noviembre de 2013

Adolfo Bioy Casares- "La invención de Morel" (1940)

Un fugitivo de la justicia, arbitrariamente condenado a prisión perpetua, llega a una isla supuestamente desierta, y allí conoce a un grupo de personas, o de supuestas personas, entre las cuales él destaca a una hermosa mujer, Faustine. Durante el comienzo no quiso hacerse notar porque tal vez  lo delatarían; pero con el transcurso de los días decide empezar una conversación. Sin embargo nadie nota su presencia y se da cuenta de que todo lo que sucede en la isla se repite constantemente: las acciones, los diálogos, incluso la salida del sol y de la luna (hay dos soles, dos lunas). Morel, un científico que habita en la isla, comunica a las personas su invento y el fugitivo lo escuchó y en ese momento entendió todo: ha creado una máquina que puede reproducir todos los sentidos juntos. Su único inconveniente es que, para reproducir a un ser, éste debe morir. El fugitivo imagina todos los posibles usos para la invención de Morel, incluyendo la creación de un segundo modelo para resucitar personas. A pesar de esto, siente repulsión por el nuevo tipo de fotografías que habitan la isla, pero con el pasar del tiempo acepta su existencia como mejor que la suya propia. Aprende a operar la máquina y se inserta a sí mismo en la grabación para que parezca que él y Faustine están enamorados. El fugitivo pone en marcha la máquina y se graba durante una semana al lado de Faustine; muere, pero será inmortal en la eterna repetición de la imagen.


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