El término alegoría proviene del latín allegorĭa y
éste, a su vez, de un vocablo griego.
Fue un recurso estilístico muy usado en la Edad
Media y el Barroco; aunque hoy en día sigue utilizándose. La alegoría hace
referencia aquella ficción en la cual algo representa o significa otra cosa
diferente. A su vez, pretende representar una idea reflejándola en formas
humanas, en animales e incluso en forma de objetos cotidianos.
Además, se conoce como alegoría a la obra literaria
o artística de sentido alegórico. Una alegoría es, en este sentido, un tema
artístico o una figura literaria que permite representar una idea abstracta a
través de otras formas, ya sean humanas, animales o de objetos.
Por lo general, los autores utilizan el recurso de
la alegoría, para dar un mensaje más allá de lo escrito; algo que ellos están
sintiendo o viviendo y no puede ser contado abiertamente.
Un buen ejemplo de alegoría son los siguientes versos de Jorge Manrique:
-
- Este mundo es el camino
- para el otro, que es morada
- sin pesar
- mas cumple tener buen tino
- para andar esta jornada
- sin errar.
- Partimos cuando nacemos
- andamos, mientras vivimos,
- y llegamos
- al tiempo que fenecemos
- así que cuando morimos
- descansamos.
-
- (Coplas a la muerte de su padre)
-
O estas frases de Cervantes:
«Dime: ¿no has visto tú representar alguna comedia adonde se introducen reyes, emperadores y pontífices, caballeros, damas y otros diversos personajes? Uno hace el rufián, otro el embustero, éste el mercader, aquél el soldado, otro el simple discreto, otro el enamorado simple; y, acabada la comedia y desnudándose de los vestidos della, quedan todos los recitantes iguales.
-Sí he visto —respondió Sancho.
-Pues lo mismo —dijo don Quijote— acontece en la comedia y trato de este mundo, donde unos hacen los emperadores, otros los pontífices, y, finalmente, todas cuantas figuras se pueden introducir en una comedia; pero, en llegando al fin, que es cuando se acaba la vida, a todos les quita la muerte las ropas que los diferenciaban, y quedan iguales en la sepultura.
-¡Brava comparación! —dijo Sancho—, aunque no tan nueva que yo no la haya oído muchas y diversas veces, como aquella del juego del ajedrez, que, mientras dura el juego, cada pieza tiene su particular oficio; y, en acabándose el juego, todas se mezclan, juntan y barajan, y dan con ellas en una bolsa, que es como dar con la vida en la sepultura.
-Cada día, Sancho —dijo don Quijote—, te vas haciendo menos simple y más discreto».
(Quijote, II)
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